miércoles, 10 de marzo de 2010

Fragmento IV. Nevesmortas

Deposité mis posaderas en el frío suelo y abrí sin previo aviso un pergamino, era posible que esas palabras quedasen olvidadas en uno de mis bolsillos pero deseaba escribirlas. Quizás, por organizar mi caótica cabeza o, únicamente, para rememorar mi pasado en un futuro lejano. Tomé el tintero dejándolo a mi lado y mojé la pluma. Desvié mis cetrinos ojos hacia el paisaje que los pináculos me ofrecían en ese frío día y acto seguido escribí lo siguiente.


“Nevesmortas, ciudad según he comprobado de reunión de aventureros, sus calles suelen estar ceñidas a un frío ambiente, nieve o lluvia siempre nos acompaña y, se podría decir, que la pequeña villa es suficiente para la satisfacción de muchos. Cada ser que deambula por estas calles tiene sus motivos… sea por amor a su patria, huir de su pasado o simplemente buscar nuevas aventuras en esta tierra.


Mi llegada a ella no fue más que el mero hecho de un resguardo de protección o, quizás, la simpleza de huir de un trágico pasado, aunque para mí no es más que otro pasado. Se podría decir que sólo seguía los mandatos de padre, puesto que él es mi autoridad al final. No obstante, lo que me hizo llegar a estos gélidos páramos es otra historia, la cual no rememoraré aun.


Mentiría si dijese que recuerdo el primer día que pisé esta ciudad, lo cierto es que no lo recuerdo. Únicamente podría decir que recuerdo el rostro de Relenar y sus entretenidas palabras, la fuente de Nevesmortas era y es un lugar de reunión. Poco a poco fui conociendo a más aventureros, guerreros, arcanos e incluso… hm…, simplemente, mi estimado Malakai.


Podría rememorar la intrusión a la cripta con Relenar, ambos temblábamos de terror sólo pisando su entrada, ahora recordarlo sólo me ocasiona sonreír divertida. Nuestro afán por ser valientes nos ayudó a concluir la tarea encomendada pero, cabe decir, que casi salimos corriendo en alguna ocasión.


Son muchos los rostros que conocí y conozco, demasiadas las relaciones entabladas y otras las perdidas. Froi y sus heroicas historias de salvaguardia a damiselas y caballeros eran muy curiosas, sobre todo su protagonismo y decepción. Pero hace meses que nuestros caminos tomaron diferentes caminos.Por otro lado, no recuerdo el motivo por el cual hablé por primera vez al pelirrojo, era posible que lo hiciese por el simple hecho de que se introdujese en la conversación que mantenía con algunos más en la fuente o, únicamente, porque me llamara la atención desde un inicio. Quien sabe.


Seguramente podría hablar de una plácida historia de amor, sin tormentos ni problemas, tan cálida como los haces del sol; pero mentiría pues todas las historias de amor tienen sus mayores o menores artimañas. El futuro de él y el mío se forjará con nuestros propios pasos. No obstante, es posible que nuestros caminos se vuelvan a separar en esta telaraña mal tejida.
Mis vivencias en estas tierras se han vuelto escabrosas, mi camino se ha tomado un lugar en la sede del Destino. Las batallas vividas se ciñen en nuestra propia supervivencia y en la mejoría del comercio, el cual está estancado en un mar de sangre. Desde que pisé la organización hemos huido, luchado e incluso, cabe decir, que hemos deseado tener algo de paz, como todos los habitantes de estas inhóspitas tierras.


El equilibrio de la existencia se basa en una cuantía de guerras insufribles… la felicidad, como bien dije, ha de ganarse en las pocas horas que nos dejan descansar. Mucho es lo que nos queda por vivir, demasiado lo que nos queda por compartir y, sin lugar a dudas, abundante será lo que perderemos.


Pero no todo son tormentos, por supuesto que no. Mi querida Aluriel con su caótica mente; Relenar con sus cantarinas palabras; Malakai con sus extravagantes formas; mi canija Kuea, mi vida; Thorsteinn con su cálido amor; incluso el tedioso Göyth… y tantos otros que nombro en mi memoria son los que forjan mi presente y mi futuro.


No obstante, hay algo que cerciorar, algo que deseo y no puedo hallar…”


Mi mano dejó de escribir el pergamino y mis ojos volvieron a centrarse en el horizonte lejano, tan lejano que mi propia mente acabó centrándose en un recuerdo pasado. Parpadeé varias veces al notar el pelaje sedoso que se había acurrucado en mi regazo, a expensas de que mi mano le ofreciera su sesión de mimos diarios.


- Buena luna, Malak. – una sonrisa se dibujó en mi rostro y olvidé por completo mis propios pensamientos.

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